- Internacionalistas y expertos en seguridad apuntan a que Estados Unidos usará la amenaza de una guerra comercial para forzar la mano de México en el campo de seguridad
Carlos Carabaña - El País
Marco Rubio, encargado de la política exterior de Estados Unidos, llega a su primera visita oficial a México con una prioridad encima de la mesa: el tráfico de fentanilo, de la que derivan el resto de negociaciones. El secretario de Estado viene a cerrar con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y otros altos funcionarios un nuevo acuerdo de seguridad entre los dos países, pero llega a negociar con un arma cargada: la amenaza del presidente Donald Trump de que Estados Unidos declare la guerra comercial con los aranceles como munición principal. Diferentes internacionalistas y expertos en seguridad apuntan en la misma dirección: Estados Unidos quiere que México no deje de bailar al son que ellos marcan.
Sheinbaum ha repetido que cualquier acuerdo con Estados Unidos se hará desde “la responsabilidad compartida, la confianza mutua, el respeto a la soberanía y territorialidad y la cooperación sin subordinación”. Puede entenderse, como también ha dicho en varias ocasiones, que esto implica que los cuerpos militares de Estados Unidos no realizarán operaciones unilaterales dentro de México.

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