Gerardo Flores Ramírez - El Economista
Ayer por la tarde cuando me preparaba a escribir mi colaboración para la edición de hoy, me llegó información desde el Congreso que indicaba que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público estaba teniendo problemas para poder presentar en tiempo y forma el Paquete Económico para el Ejercicio 2026, tal como lo prevé el marco legal vigente. Con el paso de los minutos se confirmó, lo que ya era un rumor en boca de todos: al secretario, Edgar Amador y a su equipo se les hizo bolas el engrudo y la compleja prospectiva para la economía mexicana -tanto en la parte macro, como en la de finanzas públicas- les pasó factura y no les permitió tener listos todos los números necesarios para presentar un paquete coherente y creíble.
El fuerte desequilibrio en finanzas públicas que heredó la administración del presidente López Obrador, que obligó al nuevo gobierno de la presidenta Sheinbaum a meter un fuerte freno al gasto en inversión se ha traducido en que la economía mexicana continúe en estado anémico, o sea creciendo a ritmos realmente mediocres. El problema que enfrenta el secretario de Hacienda es que, si bien los ingresos han crecido, también han crecido los compromisos de gasto que no se pueden evitar o no se pueden postergar como es el caso del gasto en pensiones o el gasto por concepto de servicio de la deuda.
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