Por: Arturo Damm Arnal - La Razón de México
Los empresarios, cuya tarea esencial, la que los define como tales, es producir y ofrecer bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades de los consumidores, son la causa eficiente del progreso económico, definido como la capacidad para producir más (dimensión cuantitativa, relacionada con el crecimiento de la economía, que se mide con la producción de satisfactores), y mejores (dimensión cualitativa, relacionada con lo que Schumpeter llamó el proceso de destrucción creativa, por el cual, en los mercados, por el lado de la oferta, lo bueno sustituye a lo malo, lo mejor a lo bueno, y lo excelente a lo mejor, en un proceso de mejora que parece no tener fin), para un mayor número de gente (dimensión social, relacionada con el fin de la economía, que es que más gente viva mejor).
Para que los empresarios desempeñen de la mejor manera posible esa tarea, la de ser la causa eficiente del progreso económico, deben encontrar las condiciones necesarias y suficientes para invertir directamente en la producción de bienes y servicios, en la creación de empleos, en la generación de ingresos, algo que en México no encuentran, tal y como lo muestran los datos de la inversión directa, medida por el comportamiento de la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo que, por proporcionar la infraestructura física necesaria (equipo, maquinaria, instalaciones), para producir bienes y servicios, es un buen indicador de la inversión directa.
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