jueves, 4 de septiembre de 2025

De los empresarios (4/5)

 Por: Arturo Damm Arnal - La Razón de México

El progreso económico es la capacidad para producir más, y mejores, bienes y servicios, para más gente. ¿De qué depende esa capacidad? De las inversiones directas que se destinan a producir satisfactores, a crear empleos, a generar ingresos, condiciones del bienestar. ¿De quién depende? De los empresarios, quienes invierten directamente, siendo la causa eficiente de ese progreso.

La afirmación “El empresario es un benefactor de la humanidad” puede sonar exagerada. No lo es. Comencemos por los pies. ¿A quién le debemos los zapatos que traemos puestos? A los empresarios que los producen y ofrecen. Terminemos por la cabeza. ¿A quién le debemos los anteojos que traemos puestos? A los empresarios que producen y ofrecen, desde armazones, hasta cristales debidamente graduados. Si los empresarios producen y ofrecen bienes y servicios, con los que satisfacemos nuestras necesidades, nos benefician.

Alguien podrá decir que podríamos considerarlos benefactores si, y solo si, nos regalaran desde los zapatos hasta los anteojos, pero por todo lo que ofrecen cobran un precio. Este punto ya no lo discuto. Me queda claro que, si quiero seguir consumiendo desde zapatos hasta anteojos, tengo que pagarle, a quienes los producen y ofrecen, un precio que, por lo menos, les permita recuperar el costo de producción, realidad económica ineludible. Producir cuesta, y dado que la mayoría de los bienes y servicios que consumimos deben producirse, vivir cuesta. Primera lección de economía (olvidada muchas veces).

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