Por: Luis Miguel González - El Economista
El 2025 es un año excepcional, pero la economía mexicana se comporta de un modo sospechosamente normal. Pienso en las exportaciones a Estados Unidos que crecen 4.3% en el primer semestre y se mueven como si no estuviéramos en la era de Trump y MAGA. Tomo nota de la Inversión Extranjera Directa que aumenta más de 10% y rompe récord, como si no hubiera renegociación del T-MEC en puerta y reforma al Poder Judicial llena de signos de interrogación.
Son tiempos excepcionales, pero seguimos en territorios conocidos cuando vemos el comportamiento del PIB y la inflación. México crece menos de 1%. Esto es una miseria, pero no desentona con lo que fue el crecimiento del sexenio pasado. La inflación fue 3.51% en julio y está en el rango objetivo del Banco de México, aunque en los hogares tienen otros datos. Amas y amos de casa quieren saber dónde está la tienda en que las cosas suben menos de 5% anual.
En cuanto a PIB, tenemos una anomalía y un “regreso a la normalidad”. La anomalía es el desempeño de la manufactura que cumple dos años de estancamiento, luego de mucho tiempo de ser una de las estrellas de la economía mexicana. El regreso a la normalidad corresponde a los estados del sur que fueron beneficiados de las obras como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas. Hace dos o tres años se hablaba de lo extraño que era ver a Tabasco a la cabeza de las cifras nacionales de crecimiento. Ahora está en números rojos, con tasas negativas de 10.2 y 12.3% en el último trimestre del 2024 y el primero de 2025.
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