Samuel García - El Sol de México
La carta que publicó ayer Andrés Manuel López Beltrán, secretario de Organización de Morena, dando cuenta de su reciente viaje a Japón detonó una discusión pública que va más allá del ámbito personal.
En su carta, publicada en su cuenta de Instagram, acusa de ser víctima de “una campaña de linchamiento político” al señalarle que viajó en aviones privados o que se hospedó en un hotel de 50 mil pesos por noche. López Beltrán aclaró: “pagué 7,500 pesos diarios en un hotel, incluído el desayuno”. Unos 400 dólares diarios, a la paridad de estos días.
La cifra no nos consta, es su declaración pública. Pero es fácil saber, con la información disponible, que el largo viaje que emprendió a Seattle y a Tokio no es para cualquier mexicano porque cuesta mucho dinero. Que pagarlo “con mis propios recursos”, como lo señala, efectivamente no es un delito. Pero refleja una gran asimetría entre el discurso oficial de austeridad que se pregona cada mañana y el ejercicio cotidiano del privilegio al amparo del poder y de los recursos públicos de los que se disponen.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo con estas palabras, “sea la Presidenta, sea un diputado o un senador, algún otro encargo, porque los partidos políticos son instituciones públicas, reciben recursos públicos, todos debemos dar cuentas”.
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