Arturo Damm Arnal - La Rzón de México
El fin de la economía es el bienestar, que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios disponibles para satisfacer necesidades, la mayoría de los cuales deben comprarse, para lo cual debe pagarse un precio, para lo cual debe generarse ingreso, para lo cual debe trabajarse, para lo cual deben crearse puestos de trabajo, para lo cual se requieren más inversiones directas. Inversiones directas = puestos de trabajo = ingresos = compras de satisfactores = consumo = satisfacción de necesidades = bienestar. No hay atajo.
Dos de las condiciones que tienen que cumplirse para lograr el mayor bienestar posible son trabajo bien remunerado (que el ingreso alcance, por lo menos, para satisfacer correctamente las necesidades básicas, aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la vida, la salud y la dignidad de las personas), y deflación (que con la misma cantidad de dinero, al paso del tiempo, pueda comprarse una mayor cantidad de los mismos bienes y servicios, deflación que para muchos economistas es tabú, sin distinguir, ¡grave error!, en función de sus causas la buena de la mala. Véase:
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