Jorge Zepeda Patterson - Milenio
ALFREDO SAN JUAN
El gobierno de Claudia Sheinbaum decidió, por fin, entrarle al problema de las desapariciones, una asignatura pendiente de la cuarta transformación desde el sexenio pasado. Solo podemos especular respecto a las razones por las cuales el presidente López Obrador nunca lo abordó realmente. Un desinterés, me parece, que es mezcla de varias razones. Como los feminicidios o el asesinato de periodistas, las desapariciones fueron tratadas como subcapítulos de un problema más amplio, que remitía a la inseguridad pública. El presidente asumió, sin decirlo, que resultaba más eficaz concentrar recursos y atención abordando la fuente del problema y no desgastarse en desarrollar políticas específicas para cada uno de estos temas. Le pareció más importante “atacar las causas de fondo” como la pobreza y la desatención a los jóvenes, hacer una tregua momentánea con el crimen organizado (abrazos no balazos) y construir mientras la Guardia Nacional y los cuarteles. Feminicidios, desapariciones y asesinato de periodistas irían descendiendo como resultado de la disminución de la inseguridad.
Pero eso solo es parte de la explicación de este abandono. También tendría que ver la escasa prioridad que los derechos humanos tuvieron en la agenda lopezobradorista, en parte por una concepción generacional y regional más vinculada al “México profundo” que a la agenda de la izquierda moderna urbana. Lo más urgente era atender el derecho fundamental más sagrado: salir de la pobreza. Lo demás se atendería posteriormente.

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