- El apoyo del que goza el presidente parte de un hecho: el modelo anterior, la alternativa a la 4T, provocó la inconformidad política y social de las mayorías
Jorge Zepeda Patterson - El País
Muchos mexicanos tienen la sensación de vivir en el surrealismo político, la esquizofrenia colectiva o de plano en el absurdo: todo y todos confirman “las barbaridades” que está cometiendo el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En los círculos que les rodean, sean familiares, amigos, redes sociales o medios de comunicación, la indignación frente a los actos y dichos por el presidente va en aumento.
¿Cómo es posible, entonces, que López Obrador mantenga esa popularidad? Peor aún, las cotas de aprobación del presidente no solo se mantienen en torno al 60%, puntos más o puntos menos según la encuesta de que se trate; todas ellas, además, señalan un repunte adicional en las últimas semanas.
Puede advertirse el desconcierto de muchos ciudadanos que miran estos números con perplejidad e incluso con la sensación de haber sido traicionados por sus compatriotas. En los primeros años, se refugiaban en la noción de que había una especie de engaño en esas cifras, pero tuvieron que asumirlas cuando sus periódicos de cabecera comenzaron a confirmarlas. Luego concluyeron que la mayoría de los mexicanos eran presa de la demagogia, resultado de la ignorancia y el atraso. Pero los más lúcidos entendieron que ese argumento resultaba comprometedor: ¿cómo declararse demócrata y al mismo tiempo sostener, a lo largo de cinco años, que las mayorías están equivocadas porque piensan diferente que las minorías? Finalmente, llegaron a una explicación del fenómeno; los sectores populares habían sido comprados por los programas sociales y las dádivas del gobierno de la 4T. Había una lógica en su apoyo a López Obrador, pero era una lógica perversa.

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