domingo, 17 de diciembre de 2023

EL TREN MAYA Y LA SOBERBIA

  • “Por vez primera en la historia moderna, el PIB del sureste de México creció más rápido que el del Norte”.

Algo importante se ha puesto en marcha, aunque aún no lo veamos. Foto: Tren Maya.

Jorge Zepeda Patterson - Sin/Embargo

Había razones poderosas para no construir un tren maya; pero había otras aún más poderosas para hacerlo. En efecto, no hay un estudio de factibilidad, modelo de negocio o cálculo de rentabilidad que hubiera podido avalarlo en términos de una lógica de mercado. Pero, justamente, había que iniciar el colosal esfuerzo para romper los criterios que no hacen rentable invertir en el sureste. Si una sociedad opera exclusivamente bajo la consideración de tasas de recuperación económica, la electricidad no estaría llegando a una buena parte de los mexicanos, no se construirían metros en el subsuelo de las ciudades o el acceso al agua potable sólo existiría para los pocos que pueden pagar su costo real. El dinero invertido en otras actividades habría tenido un “mejor” desempeño, y sin embargo es obvio que dejar sin electricidad, agua o transporte a una porción de la población resulta no solo injusto, sino a largo plazo inviable. Con las regiones pasa lo mismo.

El Estado está obligado a actuar sobre las desigualdades que generan las lógicas de mercado. El costo beneficio llevaría a invertir donde ya hay inversión, donde la infraestructura se ha acumulado y existen la diversificación y la escala que proporcionan rentabilidad a un negocio. Más en Nuevo León o el Bajío, poco o nada en Guerrero o Oaxaca. Se necesita un enorme esfuerzo para romper estos círculos viciosos. En los años 70 la construcción de Cancún fue uno de ellos, la del Tren Maya, medio siglo más tarde, es otra, con la ventaja de que se trata de un proyecto que involucra a toda la Península y por ende su impacto será más amplio. 

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