- El principal riesgo para el sistema no viene de activistas estudiantiles de izquierda, sino de políticos de derechas
Concentración a favor de Palestina en el campus de la Universidad Estatal de Pensilvania. PAUL WEAVER ( ZUMA PRESS / CONTACTO )
Paul Krugman - El País
Son tiempos preocupantes para la enseñanza superior estadounidense. Por un lado, unos estudiantes de un puñado de universidades de élite han realizado duras declaraciones antiisraelíes, algunas de las cuales han cruzado la línea del antisemitismo declarado, y algunos presidentes de universidades han respondido con timidez. Sin embargo, por feos que hayan sido estos acontecimientos, no hay muchas razones para creer que la calidad de la educación en estas instituciones —que, en cualquier caso, representan una pequeña fracción de la matriculación universitaria en Estados Unidos— esté seriamente amenazada.
Por otro lado, el Sistema Universitario Estatal de Florida, que cuenta con más de 430.000 estudiantes, está siendo objeto de un intenso ataque político por parte del Gobierno republicano del Estado. La Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP, por sus siglas en inglés) ha publicado recientemente un informe titulado Injerencia política y libertad académica en el sistema público de enseñanza superior de Florida, en el que se detalla la toma de puestos clave administrativos y de supervisión por parte de personas designadas por partidos políticos y la creciente presión sobre los miembros del profesorado para que eviten enseñar cualquier cosa que pueda considerarse woke [a favor de la justicia social, o progre]. Es casi seguro que este asalto político degradará la calidad de la educación universitaria para un gran número de alumnos, en formas de las que hablaré en un minuto.

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