- Los que creen que López Obrador está dando manotazos sobre la mesa para mostrar quién tiene el poder, o que está empeñado en reducir a Sheinbaum a una mera prestanombres en Palacio, no entienden nada
Jorge Zepeda Patterson - El País
Ninguna sucesión resulta fácil, como lo acaban de mostrar tres temporadas de Succesion, la apasionante versión televisada del magnate de los medios Rupert Murdoch. La transición a la segunda temporada de la Cuarta Transformación tampoco estará libre de tensiones. A diferencia de Logan Roy, el patriarca empresarial en la serie, Andrés Manuel López Obrador no tuvo dificultad para decidirse entre los tres posibles sucesores, a quienes llamó hermanos en lugar de hijos (y con toda razón, pues apenas les lleva diez años en promedio). Claudia Sheinbaum siempre lució favorita no solo en el ánimo del presidente sino también en su entorno inmediato y, para fortuna de la transición, entre la mayoría de los encuestados. Por allí no hubo más problema que el que quiso provocar Marcelo Ebrard por razones que merecerían otro espacio.

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