- Existe una estrecha relación entre las teorías conspiratorias de la derecha y los chanchullos financieros
Paul Krugman - El País
Los historiadores de la propaganda están familiarizados con el concepto de la “gran mentira”, una afirmación tan extrema que muchas personas acaban aceptándola porque no pueden creer que las autoridades públicas inventen algo tan alejado de la realidad. Muchas veces me parece que también necesitamos un término para describir un fenómeno parecido en los debates políticos, que podríamos denominar la “gran estafa”. Me refiero a propuestas políticas tan corruptas, tan claramente diseñadas para beneficiar a unos pocos que no lo merecen a costa de todos los demás, que muchos votantes se resisten a la idea de que unos políticos aparentemente respetables defiendan realmente cosas así.
Un ejemplo que viene al caso es la actual exigencia de los republicanos en la Cámara de Representantes de que la financiación de Israel en esta época de crisis esté vinculada a recortes presupuestarios que socavarían la capacidad del Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés) para tomar medidas enérgicas contra los ricos que evaden impuestos. Esto debería ser un gran escándalo, pero sospecho que muchos votantes no van a aceptar la idea de que los líderes del Partido Republicano puedan hacer algo tan grotescamente ruin.
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