Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto - Expreso
Hace un mes, cuando todavía repetía públicamente "yo voy a estar en la boleta presidencial del 2024", Marcelo Ebrard ya se había sentado a negociar con Claudia Sheinbaum. A pesar del odio personal y político que se tienen, la virtual candidata buscó al excanciller para ofrecerle una negociación y él aceptó. A sus seguidores y a todo el país, les seguía diciendo que sería candidato presidencial, despertando expectativas de un proyecto disidente que enfrentaría a Morena, porque al mismo tiempo mantenía el diálogo con Dante Delgado para ser candidato por Movimiento Ciudadano; pero ya para entonces Ebrard había reculado y, tragándose su orgullo que no es poco, estaba hablando con la mujer a la que descalificó y acusó de las peores prácticas políticas y democráticas.
Se podría decir que Marcelo engañó por más de un mes a sus seguidores y a la opinión pública y que desde que acudió a la primera cita cara a cara con Claudia, ya había tomado la decisión de no pagar el enorme costo político (y quizás hasta legal o penal) que hubiera tenido para él enfrentarse directamente al presidente López Obrador. Pero aún así mantuvo viva la expectativa, blofeando y mintiendo con su poker face, cuando ya no tenía ningún juego y se había, literalmente doblado, ante el bastón de mando de Sheinbaum, a la que terminó por reconocerle un liderazgo.
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