Carlos Ramírez - El Independiente
En el 2000, el gran debate sucesorio se dio alrededor del candidato de las botas y las frases dicharacheras, Vicente Fox, pero la clave estuvo en el gran pacto que permitió la victoria opositora: la centralización del poder de decisión en Francisco Gil Díaz como secretario de Hacienda foxista y en función de su papel de jefe de los entonces Chicago boys mexicanos neoliberales que tomaron el control del Estado con Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari.
Francisco Labastida Ochoa fue escogido como candidato de Zedillo por cumplir los requisitos estatutarios, pero siempre se obtuvo la impresión de que no iba a ganar.
El punto central de la elección presidencial del 2000 no fue la alternancia de figuras políticas, sino la continuidad del proyecto neoliberal salinista del Tratado de Comercio Libre, ante las dificultades de Guillermo Ortiz Martínez y sobre todo José Ángel Gurría Treviño para cumplir con el requisito de un cargo previo de elección popular.

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