El entorno más cercano en su pueblo de Hidalgo y antiguos compañeros de carrera política profundizan en los tópicos y las paradojas de la senadora convertida hoy en fenómeno como aspirante de la oposición a las presidenciales
SCIAMMARELLA
Carmen Morán Breña - Tepatepec (Hidalgo) - El País
Xóchitl Gálvez Ruiz es un personaje anfibio. Quienes estos días se devanan los sesos tratando de encuadrarla en un partido o una ideología, quienes se preguntan si es blanca o indígena, si fue una niña pobre o acomodada, encontrarán alguna respuesta viajando a su pueblo, Tepapepec, en Hidalgo. En la calle Francisco Madero viven los Gálvez, más de izquierdas, perredistas y morenistas; en la de Rosales, los Ruiz, más a la derecha, o sea “apolíticos”, quizá del PRI, quizá del PAN. La casa familiar de la fulgurante aspirante a la presidencia sin afiliación política está en Rosales… pero no del todo, hace esquina.
¿Indígena? En la calle Madero dicen que bueno, que el abuelo paterno, Amador, el albañil, hablaba otomí, pero que era “como españolado, alto, bigotón, de ojos claros”; en la calle Rosales, los cercanos al PRI contestan que “hoy nadie se quiere llamar indígena, aunque lo sea”; los más conservadores miran las fotos en blanco y negro de tíos y abuelos colgadas de la pared y niegan sin paliativos esa procedencia cobriza. Los de la calle Madero la consideran “progresista”; los de Rosales, “de derecha”. Con esas mimbres se puede armar una cesta, pero a saber por dónde sale el agua. Un viaje a Tepatepec solo confirma una cosa: Xóchitl Gálvez es un anfibio, como solo pueden serlo quienes se han criado en un pueblo y viven en la ciudad.

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