- El estado debe encabezar una sacudida de reconstrucción política, productiva, social y económica.
Juan Pablo Calderón Patiño - El Financiero
La vida de países ha dependido de las luchas de provincias en diversos episodios históricos. No le falta razón al Sen. Germán Martínez cuando declaró que si no se salva Veracruz, no se salva México.
Veracruz, si tuvo la oscuridad del “Seductor de la patria”, como lo nombró Enrique Serna a Santa Anna, presidente nueve ocasiones, logró destacar con Lerdo de Tejada que participó en la generación liberal que más contribuyó al Estado mexicano. El movimiento revolucionario dio hombres como Cándido Aguilar y Heriberto Jara, constitucionalistas de 1917.
Frente a la demolición de las estructuras democráticas, legales y no escritas, que se lleva desde el vértice del poder socavando lo logrado en la era de reformas político-electorales y en vista del origen veracruzano del último ideólogo del PRI, Jesús Reyes Heroles, cuya frase “la formas es fondo”, es menester no caer en la pusilanimidad ni en el error de pretender que el desastre veracruzano inició con el actual gobierno estatal.
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