- El presidente no necesita convencer a los estadounidenses de que sus políticas económicas han cosechado grandes éxitos; solo tiene que defender que la economía no va tan mal. Y no va mal
Paul Krugman - El País
En la década de 1970, Arthur Okun, un economista que había sido asesor político de Lyndon Johnson, sugirió una manera rápida y sencilla de evaluar la situación económica del país: el “índice de miseria”, la suma de la inflación y el desempleo. La medida era y sigue siendo burda y fácilmente criticable. El daño económico mensurable que provoca el desempleo, por ejemplo, es mucho mayor que el de la inflación. Sin embargo, el índice ha hecho, por regla general, una labor más que decente a la hora de predecir el sentimiento económico general.
Por tanto, vale la pena señalar que el índice de miseria —que se disparó junto con la inflación durante 2021 y la primera mitad de 2022— ha caído en picado a lo largo del último año. Ahora ha vuelto al nivel en que estaba cuando el presidente Joe Biden asumió el cargo. Este extraordinario giro plantea varios interrogantes. En primer lugar, si es real (sí.) En segundo lugar, si se darán cuenta los ciudadanos de a pie (ya lo han hecho.) Tercero, si le reconocerán el mérito a Biden (eso está mucho menos claro.)
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