Carlos Ramírez - El Independiente
Por alguna razón diplomática, los gobiernos de México y Canadá están aceptando con pasividad las acusaciones y directrices unidireccionales de la Casa Blanca en materia de fentanilo, sin que quieren utilizar la argumentación central en ese problema: el consumo creciente de esa droga entre estadounidenses y la facilidad con que los cárteles mexicanos que operan dentro de Estados Unidos ingresen el producto y lo vendan en las calles.
El presidente López Obrador se metió en un debate elusivo del problema cuando acusó a China de producir el fentanilo y el gobierno oriental respondió con enojo. Pero se produzca en China o en México, el punto más importante del conflicto radica en que la demanda y el consumo de esa droga determina que el producto se haga en cualquier parte del planeta y se ingrese con facilidad a territorio estadounidense para estar disponible al alcance de la mano de los adictos.
La bancada republicana en el Congreso quiere invadir México con marines o lanzar misiles a través de drones contra los zonas de los cárteles de narcotráfico en el interior de México, pero aquí se ha publicado de manera repetida que la droga es vendida en EU por células de cárteles mexicanos en Estados Unidos que se crearon específicamente para la comercialización del fentanilo y que este producto ha crecido en su comercialización.
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