martes, 11 de abril de 2023

LAS REFORMAS RECIENTES NO SOLUCIONAN EL PROBLEMA REAL DE LOS BANCOS



Por Andrés Velasco - El Economista

Cuando quiebra un banco, la primera respuesta de los políticos y del público es culpar a los especuladores amantes del riesgo, a los inversores codiciosos o a los reguladores dormidos al volante. Pero saciar nuestra sed de adjudicación moral es una base pobre para la política, porque la verdad es más simple y más preocupante

LONDRES – Los bancos pueden quebrar, y así suele suceder. No obstante, siempre que ello ocurre, pretendemos estar sorprendidos. Peor aún, buscamos villanos y culpables, incluso cuando no los hay. Especuladores amantes del riesgo, inversionistas codiciosos, reguladores que se han quedado dormidos: alguien tiene que ser el malo. Esto aplaca nuestro deseo de asignar culpas de carácter moral, pero no es una buena base para formular políticas.

La verdad es más simple y más inquietante. Los bancos son instituciones peculiares. Reciben depósitos que pueden ser retirados en cualquier momento, e invierten en préstamos y bonos que no pueden rescatarse con la misma rapidez, a menos que se incurra en pérdidas cuantiosas. Este mecanismo de “transformación de los vencimientos” tiene gran valor social: da a los emprendedores acceso a préstamos a largo plazo que son menos costosos que las alternativas porque se financian con depósitos a la vista que no pagan interés.

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