Pedro Miguel - Periódico La Jornada
No fueron los cárteles mexicanos los que empezaron el envenenamiento masivo de estadunidenses; fueron empresas farmacéuticas de Estados Unidos, con la corrupción del Legislativo y la pasividad del Ejecutivo y de la US Food and Drug Administration (FDA), los que volvieron adictos a millones de sus ciudadanos con toda suerte de opioides sintéticos, entre ellos, el fentanilo y el tramadol. Tal proceso se inició en 1996, cuando la compañía Purdue Pharma lanzó al mercado de medicamentos libres un analgésico supuestamente inofensivo, el OxyContin. Entre 2006 y 2012, los laboratorios comerciales Actavis Pharma, Pharmaceutical y SpecGx, además de la ya mencionada Purdue Pharma, vendieron 76 mil millones de dosis de analgésicos que contenían algún opioide entre sus sustancias activas.
Las cifras tienen un grado de incertidumbre, pero entre 1999 y 2019, las muertes por sobredosis pasaron de menos de 10 mil al año (4 mil de ellas por fentanilo) a unas 70 mil, y para 2022 ya eran más de 106 mil. Hacia 2015 las muertes por sobredosis fueron declaradas epidemia por la DEA y en 2017 Donald Trump declaró una emergencia médica, pero no adoptó medidas sustanciales para hacer frente al problema. En ese mismo año, se consideró que la sobredosis de drogas era la principal causa de muerte entre estadunidenses menores de 50 años.
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