Jorge Zepeda Patterson - Diario de Yucatán
La renuncia de Lázaro Cárdenas Batel como jefe de asesores de la presidencia generó morbosos e irresistibles comentarios sobre la posible ruptura entre el obradorismo y el cardenismo, cuya relación ha pasado por varios momentos de tensión en los últimos años. La salida de Palacio Nacional del nieto del General e hijo del fundador del movimiento que dio lugar al propio obradorismo, fue interpretado como el último clavo en el ataúd de la relación entre ambas corrientes.
Pero las cosas nunca son planas o unívocas con Andrés Manuel López Obrador. Casi simultáneamente, en la mañanera de este viernes, el presidente puso en movimiento pronunciamientos en dirección contraria: “Estoy tranquilo porque hay relevo generacional, yo me voy y me dedico a leer y a escribir, a hablar con los árboles, con las guacamayas, estoy tranquilo, el movimiento va hacia adelante, y nadie es insustituible, no hay que tenerle mucho apego ni al poder ni al dinero. Lázaro tiene posibilidad, Marcelo tiene posibilidad, tiene posibilidad Claudia, tiene posibilidad alguien que tengo aquí cerca — Adán—, Monreal también”.
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