- Su población se redujo en 2022 por primera ves en seis décadas
- Se niega a compensar este descenso con inmigrantes
Un padre paseando con su hijo en brazos por las calles de Shanghái. Foto: iStock
Marta González - elEconomista.es
Hace escasas semanas, la Oficina Nacional de Estadística de China anunció que la población del país asiático se redujo en aproximadamente 850.000 personas en 2022, hasta los 1.400 millones de habitantes. Un fenómeno que no se producía desde hacía seis décadas y que, de no tomarse medidas para frenarlo, tendrá importantes consecuencias en el futuro, entre ellas impedir que esta nación se convierta en la mayor economía del mundo.
Uno de los principales problemas a los que se enfrenta el gigante asiático es el descenso de su tasa de natalidad. Durante décadas, el número de ciudadanos en edad de trabajar no hizo más que crecer, lo que permitió a China ganarse el título de fábrica del mundo. Sin embargo, la tasa de fertilidad se ha ido reduciendo con los años, hasta tal punto que el Gobierno de Pekín se vio obligado a relajar la política del hijo único en 2016 y empezar a ofrecer incentivos a las familias que tuvieran hasta tres hijos. Pero este cambio de rumbo no ha dado resultado: el número de nacimientos ha pasado de los más de 6 hijos por mujer en 1970 a los 1,1 hijos por mujer en 2022, el nivel más bajo desde que se tiene registro. En ciudades como Pekín y Shanghai, esa cifra baja hasta los 0,7 hijos por mujer.

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