Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto - Expreso
Además de defender a un Poder como el Judicial y recuperar la dignidad del cargo de presidenta de la Suprema Corte, la ministra Norma Piña, que el domingo se sublevó al poder presidencial en el Teatro de la República en Querétaro, demostró que tiene el valor de hacer lo que pocos se atreven en México. Ningún hombre de la política y mucho menos una mujer, habían protagonizado un acto de desafío abierto al presidencialismo omnímodo, ni en sus épocas del PRI ni en la restauración de la Presidencia Imperial que se vive con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
La manera en que la ministra encaró las muestras de descortesía, molestia y distanciamiento con que la recibieron en el acto de aniversario de la Constitución, fue digna, valiente y precisa en el discurso. Ante las groserías del Presidente y la ruptura del protocolo que la alejó lo más posible en el presídium, la ministra presidenta respondió con un gesto que decía claramente "si no me respetan a mí, respetan a la Corte" y permaneció sentada cuando todos sus compañeros en el escenario del republicano teatro se levantaron de su asiento y aplaudieron la llegada del Presidente. La imagen de la titular del Poder Judicial aplaudiendo sí al Presidente, pero sentada, fue apenas el primer desafío público que lanzó la ministra ante la presidencia autoritaria.
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