Víctor M. Quintana S. - Periódico La Jornada
Pensar que México puede construir su soberanía alimentaria sin cambiar los hábitos del comer, es iluso. Aunque repelen algunos intelectuales, existe una dieta neoliberal, una manera de seleccionar, elegir y consumir los alimentos vinculada a la economía y a las formas sociales del neoliberalismo: hedonismo, estímulos sensoriales excesivos, individualismo, rechazo por lo local, etcétera.
Desde la conquista de nuestro continente por los europeos, los alimentos fueron una de las principales formas de colonización. Se clasificaron los alimentos buenos para españoles que hacían superiores a las personas y los alimentos malos, para indios que hacían inferiores a quienes los consumían. Trigo, aceite de oliva, carne de res o cerdo, contra maíz, frijol y calabazas (http://bit.ly/3HWGZuG).
Así se formó una cultura alimentaria en la que se conjugaron elementos europeos e indígenas. El mestizaje de ambas culturas y también la resistencia gastronómica local dieron origen a la rica gastronomía mexicana, que predominó hasta fines del siglo pasado.
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