Por Willem H. Buiter - El Economista
La pandemia de Covid-19 y la invasión rusa de Ucrania han dejado a la mayor parte del mundo vulnerables por los efectos de la estanflación. Pero mientras las autoridades monetarias se esfuercen por mantener ancladas las expectativas de inflación, hay pocas razones para pensar que tales condiciones se convertirán en la nueva normalidad.
NUEVA YORK – Uno podría argumentar que el estancamiento secular -crecimiento más lento sostenido- amenaza a la mayoría de las economías avanzadas, a China y a muchos mercados emergentes y economías en desarrollo que dependen del comercio y de la inversión extranjera. Los defensores de este punto de vista apuntan al envejecimiento de las poblaciones, a la desglobalización, al cambio climático y la pérdida de biodiversidad, a la creciente desigualdad y al exceso de deuda, mientras que los optimistas, en cambio, pregonan el potencial de los países más jóvenes y dinámicos, y de las tecnologías que impulsan la productividad como la inteligencia artificial, la robótica y la bioingeniería.
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