José Luis de la Cruz - El Sol de México
La Unión Europea enfrenta las consecuencias de entregar su desarrollo industrial al gas y petróleo ruso, y con ello sucumbir ante el juego geopolítico de Vladimir Putin.
Rusia actuó con paciencia y visión de futuro al permitir la construcción de infraestructura que conectara el occidente europeo con los yacimientos que se encuentran en su territorio: obtuvo beneficios económicos de corto plazo al vender el energético, pero también renta política y militar de mediano y largo plazo al cerrar la llave de su gas y petróleo ante las fricciones desatadas por la invasión a Ucrania. La ocupación de mantiene y la Unión Europea se enfría.
La consecuencia es clara: el fantasma de la inflación y la falta de recursos energéticos recorre Europa con una fuerza no vista desde la Segunda Guerra Mundial: Alemania, Francia, España e Italia, el corazón económico de la Unión Europea, enfrentan problemas para mantener operando a su industria: la energía verde no alcanza.
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