Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
La austeridad, como la han entendido y aplicado los dirigentes financieros del mundo, mata. Asfixia ánimos y alientos, también puede llegar a afectar decisivamente la vida de muchos ciudadanos que dependen vitalmente de las transferencias y otras actividades del Estado. Deteriora progresivamente todos los ámbitos de la vida en comunidad, desde renglones fundamentales como lo son los sanitarios y educativos, hasta la cohesión política y social.
Así ha sido a lo largo de la historia y no tiene por qué ser diferente, aunque el Presidente y su gobierno eleven alabanzas a la fortaleza del pueblo y decidan transitar de la austeridad republicana a la pobreza franciscana. La sentencia ha sido dictada.
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