Cuando el Presidente afirma que debemos proteger a los delincuentes parecería que está viendo un bosque lejano con árboles muy distintos a los que cada día nos topamos los mexicanos.
Jorge Zepeda Patterson - Sin Embargo
No se trata de desatar la guerra absurda e ilegal contra los cárteles que ya mostró su inutilidad, pero sí de ejercer funciones mucho más decisivas para contener la expansión del crimen. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro.
No deja de sorprenderme el espíritu optimista y jovial de Andrés Manuel López Obrador al arrancar las mañaneras. ¿Cómo hace para presidir la reunión de seguridad a las 6 de la mañana, en la cual se hace el recuento de infamias que cada 24 horas recoge la vida de las alcantarillas de este país, y presentarse a una conferencia de prensa minutos más tarde como si viniese de un Spa y un masaje relajante?
Sus críticos dirán que tal polaridad obedece a una disposición al bloqueo de todo aquello que no entra en la tesis de que su presidencia es un éxito. Otros, más favorables, asumirán que no es más que una característica propia de un Jefe de Estado; gestionar los detalles sin perder la perspectiva de conjunto; es decir, abordar los contratiempos de cada día manteniendo la vista en la perspectiva del derrotero a seguir. Usted escoja.

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