miércoles, 16 de marzo de 2022

VIVIR ENTRE LA MUERTE

Claudia Luna Palencia - El Diario de Coahuila

No cabe duda que la Casa Blanca goza de unos excelentes servicios de Inteligencia: desde el 4 de diciembre, el New York Times publicó que Rusia tenía la intención de invadir a Ucrania. Tres días después, el presidente norteamericano, Joe Biden, habló vía telefónica con el dictador ruso, Vladimir Putin, para advertirle que, de hacerlo, se enfrentaría a las peores sanciones hasta ahora aplicadas. Le conminó a pensárselo bien.

El mundo se enteró desde principios de diciembre de esta posibilidad. Algunos creyeron que Estados Unidos estaba jugando el papel de la fábula que advierte que viene el lobo y al final nunca aparece. Es curioso, pero nadie se intranquilizó por las advertencias estadounidenses, ni siquiera los propios ucranianos, que estaban siendo prevenidos.

Pasaron las fiestas navideñas y las tropas rusas siguieron desplazándose hacia varios puntos de la frontera con Ucrania e inclusive se adentraron a territorio de Bielorrusia. Pero el mundo siguió dudando mientras el Kremlin hablaba de ejercicios militares que terminarían pronto con el retorno de las tropas a sus cuarteles.

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