Paul Krugman / The New York Times
Nueva York— Cuidado, Vladimir Putin: se acerca la primavera. Y cuando llegue, perderás gran parte de la influencia que te quedaba.
Antes de que Putin invadiera Ucrania, yo habría descrito a la Federación Rusa como una potencia de tamaño mediano que golpea por encima de su peso y que, en parte, se aprovecha de las divisiones y la corrupción de Occidente y mantiene un poderoso ejército. Sin embargo, desde entonces han quedado claras dos cosas. En primer lugar, Putin tiene delirios de grandeza. En segundo lugar, Rusia es aún más débil de lo que la mayoría de la gente, incluido quien escribe, parece haber advertido.
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