La ciudad, símbolo de la brutalidad rusa contra los civiles, conecta Crimea con el este de Ucrania. Rusia eleva la tensión en el oeste al anunciar el lanzamiento de un misil hipersónico a 100 kilómetros de la frontera con la OTAN
Luis de Vega - Lviv - El País
La expectación con la que se saludó los avances en la negociación que anunciaron Kiev y Moscú el miércoles han quedado en un espejismo frente a la realidad de la guerra sobre el terreno. Ucrania ha perdido en las últimas horas el control del mar de Azov ante el estrechamiento del férreo cerco al que las tropas del Kremlin están sometiendo a la ciudad de Mariupol, estratégica para que Rusia conecte bajo su poder la península de Crimea, anexionada ilegalmente en 2014, con la región del Donbás, en el este. Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa ruso ha reconocido haber usado por primera vez misiles hipersónicos indetectables por los sistemas de defensa que ha tenido como objetivo un almacén de armas subterráneo en el oeste del país, según anunció la agencia oficial Ria Novosti.
Ese bombardeo, a un centenar de kilómetros de la frontera con Rumania, afianza la amenaza del Kremlin en la que hasta hace unos días se consideraba la zona más segura de la antigua república soviética. Mientras, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, sigue apelando a la necesidad de avanzar en las negociaciones para que su país recupere la integridad territorial, algo de lo que se aleja cada día más su homólogo ruso, Vladímir Putin.
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