Joseph E. Stiglitz y Kevin P. Gallagher - Periódico La Jornada
▲ Protesta frente al Congreso de Argentina contra el acuerdo logrado con el FMI para pagar una deuda de 44 mil millones de dólares.Foto Afp
El Fondo Monetario Internacional (FMI) muestra señales prometedoras de estar cambiando a tono con los tiempos. Además de reconocer que el cambio climático (https://bit.ly/3HOYQjH) plantea riesgos significativos para la estabilidad financiera, ha respondido a la pandemia con una importante asignación (https://bit.ly/3pQz6xf) de derechos especiales de giro (el activo de reserva del Fondo) y ha criticado la inadecuación del marco del G20 para la gestión de crisis de deuda. Además, en un acuerdo (https://bit.ly/3sVSo6x) reciente con Argentina, el Fondo se aleja de la clase de programas de austeridad que siempre han manchado su reputación, por no hablar del daño económico (https://bit.ly/3IXagTU) que han causado en todo el mundo.
Este mes el FMI tendrá otra oportunidad de dar un paso importante en la dirección correcta, en la revisión (https://bit.ly/3tBsQuq) de su postura respecto de la regulación de flujos de capitales. La justificación original para dicha regulación, incorporada al Convenio Constitutivo (https://bit.ly/3CnNh21) del FMI, era que los flujos transfronterizos de capitales pueden provocar trastornos en los mercados financieros internacionales, cuya estabilidad es la razón de ser del FMI.
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