domingo, 13 de marzo de 2022

EL PROYECTO IMPLÍCITO VS. EL EXPLÍCITO

Lorenzo Meyer - Diario de Yucatán

Generalmente se dice que la política cotidiana se lleva al cabo dentro del marco de un “gran proyecto”. A veces el propósito es explícito, pero en otras debe deducirse de las acciones y declaraciones de sus responsables.

En el dramático comienzo del conflicto por nuestra independencia el centro del propósito insurgente no se hizo explícito de inmediato; tomó tiempo para que Morelos lo clarificara y en 1813 declarara sin ambages: “[Q]ue la América es libre e independiente de España”. Cuando posteriormente se enfrentaron las aspiraciones de republicanos y monárquicos la situación ya fue bastante clara. En 1910 el plan maderista fue tan simple como claro: lograr “el sufragio efectivo” en tanto que el del reelecto Porfirio Díaz (y luego el del golpista Victoriano Huerta) fue implícito: mantener el “viejo régimen”. Las tres grandes corrientes revolucionarias que a partir de 1914 se disputaron la naturaleza de la aspiración nacional hicieron muy evidentes sus respectivos planes —especialmente zapatistas y carrancistas— para transitar de la era porfirista a una políticamente democrática y socialmente más responsable.

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