Claudia Luna Palencia - El Diario de Coahuila
El periplo comenzó el lunes 21 de febrero con la declaración de Putin, desde el Kremlin, del reconocimiento a la independencia y a la autonomía de la región del Donbás, en el Este de Ucrania, propiamente las regiones del Donest y el Lugansk. Para la madrugada del 23 al 24 de febrero las tropas rusas ya estaban avanzando en casi todo el territorio ucraniano.
El fantasma de una guerra en el traspatio europeo ha vuelto como un espectro inesperado, ha vuelto para estrellar a los europeos contra un pasado histórico plagado de batallas y de guerras devastadoras. Para recordarles, quizá que el gen de la aniquilación, les persigue como una herencia maldita.
Una herencia en forma de dos grandes guerras mundiales: apenas hace cuatro años se rememoró el final de la Primera Guerra Mundial y ni siquiera se cumple el siglo del inicio, ni del término, de la Segunda Guerra Mundial y el mundo camina al borde de otro gran conflicto teniendo, otra vez, a Europa como epicentro.
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