- Los líderes de ambos bandos deben renunciar a la retórica agresiva
Michael Spence - elEconomista.es
En los recientes encuentros del G-7 y la OTAN se señaló a China como un competidor estratégico, un socio comercial calculador, una amenaza tecnológica y para la seguridad nacional, un transgresor de los derechos humanos y un paladín del autoritarismo en el mundo. China denunció esas caracterizaciones, que su embajada en Reino Unido llamó "mentiras, rumores y acusaciones sin fundamento". No hay que subestimar los riesgos de esa retórica.
Muchos occidentales desaprueban la estructura gubernamental unipartidista de China, así como en Pekín hay quienes hacen oír su menosprecio por la democracia liberal -en su opinión, en decadencia terminal-. El verdadero peligro, sin embargo, es que los funcionarios de ambas partes parecen haber adoptado un marco de suma cero, dentro del cual las potencias no pueden coexistir, sino que una de ellas debe "ganar".

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