Luis Rubio - El Siglo de Torreón
EN SOLIDARIDAD CONÁNGEL VERDUGO.
Dos visiones sobre la transición política mexicana caracterizan a los observadores y estudiosos del tema: una sostiene que la transición concluyó el día en que hubo elecciones limpias y competidas que permitieron un cambio pacífico en el poder. La otra argumenta que el sistema político no ha cambiado de naturaleza a pesar de la alternancia de partidos políticos. Más allá de los detalles, quizá la pregunta pertinente sea ¿Qué debió haberse hecho diferente para llegar a un mejor puerto? La respuesta permitiría un diagnóstico más agudo de la situación actual y, quizá, en un idílico ejercicio de estadistas, volver a empezar.
La reforma electoral de 1996 fue un gran ejercicio de alta política. Tanto el presidente como los grupos de trabajo, sobre todo académicos, y los líderes de los diversos partidos pujaron y presionaron para lograr el esquema que hizo posible que, desde 1997, México tuviera elecciones libres, limpias, competidas y profesionalmente administradas. Dada la historia previa, nadie puede minusvalorar lo ahí logrado.
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