Enrique Quintana - El Financiero
Hace cuatro años los electores estadounidenses optaron por romper con buena parte de su pasado.
La elección de Donald Trump en 2016 selló un giro de 180 grados en la política de la nación más poderosa del mundo.
Se rompió la visión que por décadas caracterizó a nuestro vecino del norte como líder de occidente. La vocación que surgió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial fue abandonada.
El liderazgo de Trump resucitó un nacionalismo expresado en la consigna: Make America Great Again.
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