Por Paul Krugman // Contenido publicado en El País
A los conservadores les encantan sus guerras falsas. ¿Recuerdan aquella sobre la Navidad? ¿Y la “guerra del carbón”? (Donald Trump prometió poner fin a esta última, pero en el tercer año de su presidencia la producción de carbón cayó a su nivel más bajo desde 1978, y el Departamento de Energía estadounidense prevé que seguirá cayendo). Y ahora, cuando el equipo de su campaña electoral busca desesperadamente vías de ataque político, estamos oyendo hablar mucho de la “guerra de los barrios residenciales”. Probablemente sea un tema que no dé mucho juego fuera de la base más conservadora del Partido Republicano; Joe Biden y Kamala Karris no parecen agitadores dispuestos a liderar las hordas antifascistas en los saqueos a los barrios residenciales de Estados Unidos.
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