Paul Krugman - El Periódico de México
Algunos sabíamos desde el principio que Donald Trump no estaba a la altura del cargo de presidente,
que no lograría afrontar una crisis que no estuviera causada por él mismo. Aun así, la magnitud del
fracaso en la gestión del coronavirus en Estados Unidos ha sorprendido incluso a los escépticos.
A estas alturas, Florida tiene por sí sola una media diaria de fallecimientos aproximadamente igual a la
de toda la Unión Europea, a pesar de que esta multiplica por 20 su población. ¿Cómo ha podido pasar?
Un elemento clave de nuestra debacle mortal ha sido la extremada cortedad de miras: en cada fase de
la crisis Trump y sus aliados se han negado a reconocer o adelantarse a desastres que cualquiera que
prestara atención veía venir claramente. A la alegre negación de que la covid-19 supusiera una
amenaza, le siguió la alegre negación de que un desconfinamiento rápido pudiera causar un nuevo
rebrote de los contagios; ahora que tenemos los rebrotes encima, los gobernadores republicanos
responden con lentitud y a regañadientes, mientras que la Casa Blanca no hace nada en absoluto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario