Luis Rubio - El Siglo de Torreón
La habilidad para lograr que cada
individuo defina sus objetivos y los
alcance, eso que se llama liderazgo, es quizá el factor más trascendente
que hace toda la diferencia en momentos de crisis. Los grandes líderes se forjan en momentos de grandes desafíos:
cuando, por circunstancias ajenas, la
población tiene que resolver problemas
más allá de sus capacidades personales.
Los líderes más efectivos en la historia
son aquellos que logran construir una
solidaridad colectiva en torno a la resolución del problema. Así es como creció
hasta alcanzar dimensiones sobrehumanas la fama de Winston Churchill: su
accidentada historia previa no permitía anticipar que sería el gran líder que
su país, y el mundo libre, verían como
una luz en el horizonte, incluso en los
momentos más lúgubres.
Churchill fue la persona clave en el
momento crucial, pero no ha sido el
único.
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