
Imágenes desde el Hospital Juárez, en Ciudad de México. G. SERRANO
En los rincones de un antiguo hospital de guerra de México, la pandemia es la ansiedad de un camillero que lleva un paciente en una cápsula, la música que escucha un enfermo en terapia intensiva, la frustración de una trabajadora de limpieza que quiere irse, pero no puede: su tarea es mantener este mundo en funcionamiento, mientras en el país se duplican los contagios y las muertes
Elías Camahi (Texto) Gladys Serrano (FOTOS | VÍDEO)- México - El País
La frontera entre el mundo limpio y el mundo infectado es una línea amarilla pintada sobre el suelo de la lavandería del Hospital Juárez de Ciudad de México. Si uno da un paso y cruza esa línea entra al “área negra”, donde está toda la contaminación: como si fuera la escena de un crimen rutinario en la que, en vez de cuerpos o coches destrozados, hay cuatro lavadoras industriales que procesan cada día dos mil quinientos kilos de ropa sucia con todos los fluidos y excrecencias que producen los cuerpos. “¿Quiere verla?”, pregunta emocionado un hombre de 26 años que se llama Jokebed Basán, como si quisiera agasajar al primer invitado que llega a su casa. “Aquí nunca nos vienen a visitar”, dice. “Pásele, pásele”.
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