Jorge Zepeda Patterson - El Siglo de Torreón
Los chairos furibundos le hacen a López Obrador el mismo dudoso beneficio que un hooligan a su equipo de fútbol. Una barra brava de la UNAM, del América o de cualquier otro club, puede provocar incluso el veto del estadio o por lo menos que los aficionados moderados dejen de ir a las tribunas a apoyar a su equipo. Me parece que México necesitaba un cambio urgente por los niveles de corrupción y la inseguridad pública que padecemos debido al abandono al que se ha condenado a los más desprotegidos. El país no podía seguir transitando por esa ruta. La ineptitud de los gobiernos panistas y la frivolidad y el saqueo mostrado por los priistas que les reemplazaron, amenazaba con llevarnos a la violencia social y a un Estado fallido (en algunas regiones ya lo es). Mucho de lo que está proponiendo López Obrador intenta enderezar el camino o al menos buscar otras vías para resolver nuestros problemas. Mirar hacia los que tienen menos no solo era éticamente imprescindible sino social y políticamente impostergable.
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