El peso de las ideas en la política es mayúsculo. Una y otra vez, sobre todo en coyunturas de incertidumbre, hombres de Estado y pensadores, políticos de avanzada y conservadores preclaros lo han descubierto y vuelto a descubrir. Es en las ideas donde se dirime la disputa por el rumbo del Estado y la nación y es en ellas que pueden encontrarse los hilos de Ariadna que nos saquen del laberinto.
Sin embargo, se trata de reconocimientos que siempre chocan, a veces de frente y catastróficamente, con las ideas prevalecientes e intereses creados que al pretenderse como dominantes ambicionan ser, sin mediar discusión alguna, los amos del universo, para recordar la novela de Tom Wolfe. Vivimos un extraño momento de fe e incertidumbre, en el que las ideas sobre la democracia, la cuestión social y el desarrollo del país podrían adquirir ese carácter de ideas fuerza o nuevos paradigmas que iluminen nuestro andar.
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