jueves, 7 de marzo de 2019

EL MISTERIO DE HANOI

  • A pesar del tono conciliatorio con el que ambas partes quisieron amortiguar el brusco final de la cumbre, las posibilidades de reanudación de las negociaciones son casi nulas
Luis Bassets - El País
La cumbre terminó bruscamente. Sin comunicado final. Sin acuerdos. Estados Unidos y Corea del Norte todavía siguen formalmente en guerra, puesto que no hay acuerdo de paz ni restablecimiento de relaciones bilaterales. Este era el fruto mínimo que Donald Trump pensaba cosechar con sus zalamerías para Kim Jong-un. Fue un rotundo fracaso, pero muchos aliados asiáticos de Washington respiraron aliviados como si hubiera sido todo un éxito. Una gran sordina se ha instalado sobre el desenlace imprevisto de la segunda reunión entre el presidente de EE UU y el joven dictador norcoreano. La principal conclusión es que todavía hay algún adulto en la Casa Blanca que impidió el jueves pasado el desastre de un pésimo y peligroso acuerdo, que hubiera regalado al régimen norcoreano el reconocimiento diplomático y el levantamiento progresivo de las sanciones a cambio del desmantelamiento de una única y probablemente obsoleta instalación nuclear.

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