- El presidente vulnera la seguridad del espionaje e interfiere en la acción de la justicia
Liuis Bassets - El País
La teoría del presidente loco ha quedado superada. Ahora prospera la impresión de que se ha instalado en la Casa Blanca un niño de siete años, que además es maleducado y caprichoso, ignorante y consentido.
La locura presidencial podía tener rendimientos, tal como Richard Nixon llegó a defender ante sus colaboradores, especialmente ante un enemigo al que hay que disuadir con la amenaza nuclear. Un presidente loco es imprevisible y se halla fuera de todo control, de forma que no hay que provocarle ni tomar a broma sus amenazas.
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