- La elección francesa ha frenado en seco la oleada populista y antieuropea que empezó con el ‘Brexit’ y culminó con Trump
Europa ha respirado aliviada. Como solo lo hace alguien que acaba de escapar de una amenaza pavorosa, quizás de un peligro de muerte. El tercer golpe en menos de un año podía ser el definitivo.
Fue duro el Brexit, cuando una mayoría de británicos decidieron terminar con una relación de 44 años, en la primera ocasión de la historia en la que la Unión Europea no iba a aumentar la familia sino a decrecer. Tan dura o más fue la victoria de Trump, un auténtico Usexit, cuando la superpotencia fundadora del actual orden internacional al término de la Segunda Guerra Mundial decidió declararse perjudicada por la globalización y dispuesta también a levantar fronteras, expulsar extranjeros y restringir su acción exterior al estricto egoísmo que predica el American first de la campaña presidencial; en definitiva, una auténtica desconexión para el mundo occidental y una reversión de alianzas que situaba a Putin como preferencia frente a una Europa que Trump prefería desunida y debilitada.
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