- La idea de asegurar a toda la población un ingreso suficiente para cubrir las necesidades del día a día emerge como alternativa a unas políticas públicas ineficaces contra la pobreza
De la zona más exclusiva a la más deprimida de Santa Fe, en el noroeste de la Ciudad de México, hay apenas un par de kilómetros y un abismo socioeconómico: los coches de lujo se convierten en viejos peseros y la opulencia se torna en miseria. Esta es solo una de las decenas de imágenes de la lacerante brecha de ingresos que parte en mil pedazos la megalópolis latinoamericana. Es un elemento consustancial al México actual, el país de los 50 millones de pobres que es, a la vez, potencia económica y kilómetro cero de la inequidad. Pocas, muy pocas naciones pueden presumir de una divergencia de renta como la nación norteamericana, cuna de los más desfavorecidos y del sexto hombre más rico del mundo.
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