- Su progreso se apoya en la inversión en energía limpia, el pago por servicios ambientales y la apuesta tecnológica
No acostumbro escribir sobre mi país, Costa Rica, pero la visita oficial del presidente Luis Guillermo Solís a España me sirve de pretexto para reflexionar sobre el modelo costarricense, y las lecciones que encierra para un mundo comprometido con una agenda universal de desarrollo inclusivo y sostenible.
Para muchos, el caso costarricense es un referente debido al extraordinario peso que ha tenido la política pública en la construcción del país que conocemos hoy: la democracia más antigua de América Latina, una sociedad pacífica y estable, con un desarrollo humano muy por encima de su ingreso, y un liderazgo ambiental reconocido en todo el mundo. Son muchos los factores que explican este desempeño. Uno de los más citados es la decisión de abolir el Ejército en 1948 y destinar a la inversión social el gasto que anteriormente se destinaba a las Fuerzas Armadas. Destaca también la educación gratuita y obligatoria desde 1869, las garantías sociales adoptadas en la década de los cuarenta, la creación del sistema de parques nacionales en los setenta y un largo etcétera.
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