Dilucidar, dirimir, esclarecer… Tales son las tareas del momento. Todo lo demás sale sobrando. El efecto Trump es apabullante y oscurece el razonamiento porque el no lo puedo creer adormece el pensamiento. Y sin embargo, Trump se mueve, y nosotros tenemos que hacerlo también.
Trump nos ha humillado y amenazado como nadie lo había hecho. Tan sólo por eso no debería tener ninguna credibilidad de nuestra parte. La cuestión es, sin embargo, que este señor habla por millones de sus compatriotas que votaron por él y lo llevaron a la presidencia del país más poderoso del mundo que resulta, además, ser nuestro vecino. Y, entonces, más nos vale prestarle atención. Nuestra ya larga sociedad comercial y de inversiones en particular ha sido puesta en la picota por el nuevo mandatario.
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